martes, 7 de agosto de 2012

Tira toda tu perfecta nostalgia al mar

Era lunes. No un lunes monotono, de esos que saben a ausencia y llanto. Era un lunes diferente, con un olor a futuro en el ambiente. Y yo estaba sentada alli, al borde de la playa, con el aroma a mar impregnando mi pelo y dandome alas para escribir todo lo que quisiera y mas. Hacia tiempo que no sabia que decir, o mas bien como hacerlo, porque ultimamente todo me supera, no abarco las emociones que me inundan y que, a mi pesar, son por tu sonrisa.

Yo estaba alli, viendo la gente pasar, perdidos en si mismos, rodeados de una absurda y nostalgica perfeccion. Paseando al borde del mar, con la vista perdida en un horizonte infinito que les llama a pensar, recapacitar, perderse en si mismos para encontrarse unos minutos mas tarde. Todo a mi alrededor me llamaba a sentirme mejor. Me llamaba a perderme por una tarde entre arena y mar. Y a cambiar las flores marchitas por unas margaritas nuevas. Todo me llamaba a arriesgarme y conocer el infinito de su mano. A recorrer carreteras con destino a ninguna parte sin miedo a lo que pudiera pasar. A abrazar a la soledad y decirle adios por un tiempo. A soñar, vivir, escribir. A no tener miedo a las despedidas y a bailar, a no parar de bailar por los pasillos cada medianoche con una sonrisa pintada en el corazon. Me llamaba pedir un deseo cada madrugada, a las 2:22.
Aquella tarde el mar me hizo retomar la escritura. Me libero.


El mar, el mejor amigo de la soledad y de la imperfecta perfeccion de la busqueda de uno mismo.

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