miércoles, 4 de julio de 2012

El verano de nuestra vida, ¿recuerdas?

Recuerda.
La radio a todo volumen. Ventana abierta. Una cajetilla de Lucky Strike reposa sobre la meseta. El sol incide sobre tu piel, la brisa marina inunda el ambiente. Si, es verano.
Libros en cada rincón del apartamento, un pintalabios rojo sobre la mesa del fondo. Poesia en tus andares y locura en la almohada. Amaneceres perdidos entre las sabanas y noches ganadas con cada estrella nombrada. Cafés con leche, y azúcar. Dos cucharadas bien revueltas. Rayban negras de decoración y un par de fotos parisinas para nuestra satisfactoria observación. Noches de Julio llenas de nicotina y silencio. Y peliculas. Y suspiros. Y sueños. Y un ambiente cargado de amor, del amor de verano breve e intenso que tan bien conocemos.
Y esa cafeteria, ¡ai esa cafeteria!. Pequeña, acogedora, perfecta para nuestro rollo tira y afloja. Dos cervezas y una conversación eterna. El atardecer cae a nuestros pies, y tu llevas horas mirandome y sonriendo, con tu sonrisa, esa de niño bueno que tanto me conquista. Las palabras derivan en indirectas que llevan a claras insinuaciones directas. Y entre una cosa y otra acabamos en el apartamento, entre las flores y las sabanas color lavanda, haciendo poesia... que diga, locura. Si, eso ¡locura! Un cigarrillo a pachas al terminar y una charla en el balcón, para filosofear esta madrugada que hace tiempo que tenemos esa constumbre olvidada.
Vueltas en moto interminables. Paraisos descubiertos y conquistados. Fiestas, locuras, rebeldia, juventud, rock n' roll y un poco, solo un poco de amor. Fue un gran verano, ¿no crees?

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