Recuerda.
La radio a todo volumen. Ventana abierta. Una cajetilla de Lucky Strike
reposa sobre la meseta. El sol incide sobre tu piel, la brisa marina
inunda el ambiente. Si, es verano.
Libros en cada rincón del apartamento, un pintalabios rojo sobre la mesa
del fondo. Poesia en tus andares y locura en la almohada. Amaneceres
perdidos entre las sabanas y noches ganadas con cada estrella nombrada.
Cafés con leche, y azúcar. Dos cucharadas bien revueltas. Rayban negras
de decoración y un par de fotos parisinas para nuestra satisfactoria
observación. Noches de Julio llenas de nicotina y silencio. Y peliculas.
Y suspiros. Y sueños. Y un ambiente cargado de amor, del amor de verano
breve e intenso que tan bien conocemos.
Y esa cafeteria, ¡ai esa cafeteria!. Pequeña, acogedora, perfecta para
nuestro rollo tira y afloja. Dos cervezas y una conversación eterna. El
atardecer cae a nuestros pies, y tu llevas horas mirandome y sonriendo,
con tu sonrisa, esa de niño bueno que tanto me conquista. Las palabras
derivan en indirectas que llevan a claras insinuaciones directas. Y
entre una cosa y otra acabamos en el apartamento, entre las flores y las
sabanas color lavanda, haciendo poesia... que diga, locura. Si, eso
¡locura! Un cigarrillo a pachas al terminar y una charla en el balcón,
para filosofear esta madrugada que hace tiempo que tenemos esa
constumbre olvidada.
Vueltas en moto interminables. Paraisos descubiertos y conquistados.
Fiestas, locuras, rebeldia, juventud, rock n' roll y un poco, solo un
poco de amor. Fue un gran verano, ¿no crees?
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